Vivir con arte

El museo marítimo de Bilbao, con sus grúa Carola recordándonos los orígenes industriales de la ría, cobró todavía más sentido cuando nos presentaron un breve documento audiovisual que explicaba el desarrollo urbanístico de esta Ciudad Creativa UNESCO. Navegamos hasta reconocer las formas plateadas del Guggenheim. En las calles subyacentes, recorrimos las galerías de arte, totalmente heterogéneas, que muestran por qué el arte vasco está tan valorado en Europa.

Comimos en una casa tradicional de madera y piedra escondida en mitad de un parque natural. Desde allí caminamos para contemplar las formas caprichosas de los acantilados de arenisca, pero nos habían preparado una sorpresa: el Bosque pintado de Oma.

El artista Agustín Ibarrola intervino en este pinar marítimo pintando sus troncos. Así, creó perspectivas diferentes e imágenes cambiantes según dónde te colocas. Personajes mágicos que aparecen y desaparecen a medida que vas observando el entorno.

Al día siguiente, la familia Chillida nos abrió las puertas de la finca donde su padre buscaba inspiración. Un entorno privado donde se siente la energía de las esculturas de este artista universal, cada una de ellas colocadas según deseo del propio creador vasco.

Por la tarde contemplamos una gran obra: la bahía con forma de concha de Donostia-San Sebastián, capital europea de la cultura 2016. Comimos en el Aquarium, hermano del Oceanográfico de Mónaco, sobre el mar junto a la isla Santa Clara y a la imponente escultura Construcción Vacía (Oteiza) premiada hace medio siglo en la Bienal de Sao Paulo.

Momentos inolvidables para todo nuestro grupo enamorado del arte. El arte del buen vivir.

S.F.
go Basquing & Friends