Santo Tomás, sidra y una cerda.

El día 21 de diciembre es un día muy especial para San Sebastián. La feria de Santo Tomás atrae a los donostiarras desde hace más de dos siglos. Los protagonistas son los baserritarras que bajan a la ciudad con productos y animales de las tierras cercanas y exponen el género en la plaza de la Constitución.

El año pasado acudimos con un grupo de japoneses. Les queríamos dar una sorpresa llevándoles directamente al corazón de la fiesta, a primera hora, antes de que se llenara de público. En los arcos de la plaza, antigua plaza de toros, montaban sus puestos de txistorra con talo (tortillas de maíz) los estudiantes de diferentes colegios, una tradición para conseguir dinero destinado al viaje de final de curso. Junto a los fogones portátiles, botellas con la primera sidra de la temporada.

Pronto empiezan a llegar personas vestidas con trajes locales dispuestas a llevarse la cerda de más de 300 kilos que se sortea en el mercado. El espacio se llena de risas y brindis. Algunos grupos de amigos empiezan a cantar. Alrededor de los 40 minutos, uno de nuestros huéspedes ya ha conseguido integrase y lleva en el cuello anudado un pañuelo típico. Me cuentan que ha sido un regalo de fraternidad. Cuando salimos a recorrer los bares de pintos que rodean la fiesta, les cuesta creer que todos ellos comparten deliciosa txistorra gratis para conmemorar este día.

Antes de ayer recibimos un e-mail de uno de estos huéspedes: “Ya os queda poco para disfrutar de la fiesta de Santo Tomás! ¿disfrutadla por mí!”. Así lo haremos Mari y, también, te echaremos de menos.