Mar y tierra.

El País Vasco cambia mucho cuando lo conoces desde tierra o desde el mar. Hay zonas de la costa especialmente bellas cuando las ves desde un barco, por ejemplo Pasajes, escondido a lo largo de un fiordo, y San Sebastián, con una bahía en forma de concha y su isla de Santa Clara en la mitad.

La distancia entre ambas localidades es de 5 millas náuticas y se recorre en aproximadamente 1 hora en velero. La última vez nos acercamos a Pasajes en autobús desde Bilbao (1h de viaje) y recorrimos sus calles medievales hasta llegar a Albaola, la Factoría Marítima Vasca donde están construyendo un ballenero réplica de la Nao San Juan (s.XVI). Un lugar de paso para los peregrinos que recorren el Camino de Santiago. Después comimos en el restaurante Cámara, que cuenta con un vivero de marisco debajo del comedor, conectado con el agua de mar. Es curioso observar cómo eligen los centollos y langostas frescos para cocinarlos a la parrilla.

Desde el mismo restaurante se embarca rumbo a San Sebastián. Tenemos acceso a barcos muy diferentes: antiguos pesqueros, motoras rápidas, catamaranes y veleros. En este caso partimos en un monocasco a vela. Con viento a favor, disfrutamos de la travesía hasta San Sebastián. Muchos dicen que es una de las ciudades más bonitas del mundo (CNN Travel, New York Times, Travel, Condé Nast Traveller…), desde luego la sensación al entrar en la bahía, dejando a babor el monte Urgull con el Sagrado Corazón, es maravillosa. Allí mismo, en esta ocasión, pudimos disfrutar de los fuegos artificiales que se lanzan desde el ayuntamiento por motivo de las fiestas locales y convierten el cielo en una bóveda de colores.

Después acercamos a nuestro grupo de huéspedes al puerto de pescadores de la ciudad,  para que continuaran a pie, disfrutando del ambiente.

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