París, Barcelona, Londres, … Bilbao!

París, Barcelona, Londres, … Bilbao!

Soy un enamorado de mi ciudad. Nací con el gen bilbaíno incorporado y, aunque entonces no era fácil encontrar motivos que justificaran este amor incondicional, supe desde niño que aquella ciudad gris era un lugar especial. El sentimiento de pertenencia de cada uno con sus orígenes, con sus raíces, es algo universal, pero en Bilbao el sentido de identificación entre sus habitantes y la ciudad alcanza su máxima expresión. Es un misterio más de los vascos, supongo que un rasgo más de nuestra singularidad.

Londres - Bici - Ciudad

Pedaleando por Londres

Durante los últimos 20 años, he vivido con asombro, admiración y disfrute la evolución y absoluta transformación de aquella ciudad cerrada, fea e industrial de los años 80 hacia una metrópoli moderna, amable, vanguardista, abierta y bonita. Muy bonita. Sin perder nada de su esencia, ha sabido reinventarse y es en la actualidad un referente en temas de innovación, arte, gastronomía, servicios, turismo, buena vida… Cada día está más atractiva, por lo que no es difícil perder la cabeza y lanzarse afirmar, sin ningún rubor, que es el mejor lugar del mundo para vivir.

Pero cuidado con la autocomplacencia. Por motivos de trabajo (y un poquito de ocio) durante el último mes he tenido que viajar a París, Barcelona y Londres, tres ciudades alucinantes. Buah! Los ojos como platos!! Conozco bien las tres, he vivido incluso en alguna de ellas, pero es que ¡¡¡son una pasada!!! Cada esquina de París es un museo, Londres es un teatro en plena actividad, y Barcelona, es diversidad y modernidad pura. Está claro que cuando viajas, te das cuenta de lo pequeño que eres y te entran ciertos complejos. ¿Cómo entonces va a poder Bilbao, Euskadi, competir con estas grandes ciudades, con tanta historia, tanta vida, tanta gente, tanta actividad, tantos atractivos, tanta variedad de oferta cultural????? Es imposible. ¿Tenemos entonces la batalla perdida?

Ni mucho menos. Reconozco que estos viajes me han servido para acordarme que no somos el ombligo del mundo. Me he dado cuenta que, como en mi día a día estoy constantemente hablando con colaboradores locales que tienen cosas muy interesantes que ofrecer al mundo, y tratando de trasladar al mundo los atractivos de mi tierra, acabo creyéndome que somos los mejores, que somos los únicos. Pero gracias a los dioses, menos mal que esto no es así! El mundo está lleno de cosas increíbles. Nosotros somos una joya más. Nos toca trabajar por brillar en el universo plagado de diamantes, de los cuales también podemos seguir disfrutando y aprendiendo. Viajar es maravilloso.

¡Te escuchamos!

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