Érase una vez…

Érase una vez un pueblito de paso entre País Vasco y Francia: Lantz. Escondido en el camino, un bandido sanguinario llamado Miel-Otxin saqueaba a los peregrinos y a los vecinos, montado en su caballo fiel y salvaje, Zaldiko.
Hartos de barbarie, la gente honrada decide capturarlo. Capitaneados por el guerrero más fuerte de la comarca, Ziripot, consiguen dar caza al terrible ladrón. Lo pasean por el pueblo hasta quemarlo en la hoguera. Los herreros, con el objetivo de domar al caballo, le colocan herraduras a lo largo del recorrido.

Esta antigua leyenda, contada a mi manera, da forma a este carnaval vasco tan especial que hemos vivido. Seguro que, de vez en cuando, volverá a mi cabeza Zaldiko y me repetiré a mí mismo que esas herraduras no consiguieron domarlo; que sigue libre, viajando por el mundo, como yo.

JJFA
go basquing & friends