El poder de lo simple

Corría el año 1900. Los marineros bajaban del pesquero con un buen botín. Como siempre recorrían las calles empedradas del pueblo. hasta llegar al bar de algún vecino donde tomar un txakoli* y conversar sobre la jornada en alta mar. Para acompañar el vino blanco, nada mejor que el pescado fresco. Los hosteleros, para facilitar las cosas, dejaban preparadas las brasas en la calle en un inteligente adelanto del: “do it yourself”.

Dicen que el olor de la piel tostada inundaba las calles. Un olor que embrujaba a los clientes de bares y restaurantes, haciendo que ellos no pudieran resistirse a probar ese pescado, compartiendo mesa con los pescadores.

Hoy en día la fama de los asadores de la costa vasca ha cruzado fronteras. Nuestros huéspedes hablan con los parrilleros, descubriendo que hay mucho de intuición, técnica y experiencia. Es difícil dar el punto exacto de cocción a un pescado, dejando crujiente la piel y jugosa la carne.

Nuestros parrilleros preferidos apuntan a la grasa del pescado (generalmente besugo, txitxarro y rodaballo), a su frescura y al tipo de brasa (madera de encina, sarmiento, carbón de encina…). En cualquier caso, cada uno de ellos guarda su secreto.

Si crees en los embrujos, ven a vernos.

Equipo go Basquing